sábado, 4 de febrero de 2017

La Rabia y el orgullo

La Rabia y el Orgullo


Oriana Fallaci

 (29/junio/1929-Florencia-15/septiembre/2006)
Eitorial El Ateneo
La rabbia e l'orgoglio, 2001


   Con La rabia y el orgullo Fallaci rompe un silencio de años. Corre el 2001: Es el 11S y su libro es un grito contra el terrorismo islámico.

   Fue estar en Florencia y recordar lo que ella cuenta en La rabia y el orgullo: Yo estaba con mi padre en la iglesia de la Santísima Annunziata, apenas a trescientos metros de la plaza Donatello, cuando las bombas empezaron a caer. Huyendo nos refugiamos allí, y ¿quién conocía el horror de un bombardeo? A cada descarga los sólidos muros de la iglesia temblaban como árboles embestidos por un vendaval, los vitrales se rompían, el suelo vibraba, el altar se tambaleaba, el cura gritaba: «¡Jesús! ¡Ayúdanos, Jesús!». De repente comencé a llorar Silenciosamente. Sin gimoteos, sin sollozos. Pero mi padre lo vio igualmente. Y con la intención de ayudarme, pobrecito cometió un error. Me dio una bofetada tremenda. Dios, qué bofetada. Peor aún. Severamente me miró a los ojos y me susurró: «Una niña no llora».
   Cuando estuve en Florencia visité la Iglesia de la Santísima Annunziata, concluía la santa misa era un domingo soleado. Un templo hermoso, bellas imágenes y santos incorruptos que esperan la resurrección en ataúdes de cristal. Mientras rezaba recordé los horrores de la guerra y el episodio que relata Fallaci. Yo estaba de pie hacia el fondo de la nave central hacia la izquierda, elevé mis ojos para descubrir que aquellos vitrales habían sido sustituidos por vidrios transparentes; pero, al bajar la vista y mirar hacia la derecha, sobre un altar lateral vi un pequeño vitral que representaba al Espíritu Santo en forma de paloma, al parecer único sobrevivientes de aquellos días. Claro que el Duomo es muy bonito, pero si visitas Florencia no debes dejar de visitar Santísima Annunziata.

   ¿La Fallaci es o se hace? Un malintencionado escribió: «Fallaci se hace la valiente porque tiene un pie en la tumba». (Respuesta: no, pobre idiota. No. Yo no me hago la valiente. Yo soy valiente. En la paz y en la guerra, con la derecha y con la izquierda. Yo siempre lo he sido. Y siempre he pagado un altísimo precio por eso. Cosa que incluye amenazas físicas y morales, vilezas canalladas de los celosos. Si me lees mejor, lo veras. En cuanto al pie en la tumba, toco madera. No gozo de buena salud, es verdad, pero los enfermizos como yo acaban muchas veces por enterrar a los otros. No olvides que un día salí viva de una morgue donde me habían tirado creyéndome muerta… Si uno de esos tibias de santos no me mata antes de que lo mate yo, ¿quieres apostarte que iré a tu funeral?)

   El orgullo «¿Qué lógica tiene respetar a quien no nos respeta? ¿Qué dignidad tiene defenderla cultura o presunta cultura de aquellos que desprecian la nuestra? Yo defiendo la nuestra, por Dios, y digo que Dante Alighieri me gusta más que Ornar Khayyām»
   Tengo Una edición de Las 1001 Noches en siete volúmenes que cuido como si fuese de oro. Pero, honestamente, no me parece el caso comparar aquellos graciosos cuentos con la Ilíada o la Odisea de Homero. No me parece el caso comparar con los Diálogos de Platón, la Eneida de Virgilio, las Confesiones de San Agustín, la Divina Comedia de Dante Alighieri, las tragedias y las comedias de Shakespeare, el Quijote de Cervantes, La crítica de la razón pura de Kant, Guerra y paz de Tolstói… No me parece serio.

   Fíjate a quien hospedas en casa. Querido mío, hace veinte años yo he visto a los hijos de Alá que sin Osama bin Laden conducían a la Guerra Santa. Los he visto destruir las iglesias, quemar los crucifijos, ensuciar las Madonas, orinar contra los altares y transformarlos en cagaderos. Los he visto en Beirut. Aquella Beirut que era tan civilizada y que hoy, por su culpa, no existe más. Aquella Beirut donde habían sido acogidos por los libaneses


   Una chica políticamente incorrecta. Musulmanes en una carpa orinando el Duomo: Entonces cambié de táctica. Llamé al policía que administra la Seguridad de la Ciudad y le dije: «Querido policía, yo no soy un político. Por consiguiente cuando digo que voy a hacer una cosa, la hago. Si mañana la jodida tienda está todavía en la plaza del Duomo, yo la quemo. Juro por mi honor que la quemo y ni un regimiento de carabinieri podrá impedírmelo. Mucho más: quiero que usted me arreste. Quiero que me lleve a la cárcel. Así saldré en todos los diarios y telediarios, la Fallaci-arrestada-en-su-ciudad-por-haber-defendido-su-ciudad, y os ridiculizo a todos». Bueno. Siendo más inteligente que sus superiores, al día siguiente el policía hizo retirar la tienda.


   ¡Grita Casandra que nadie te escucha! Una guerra que ellos llaman Yihad: Guerra Santa. Una guerra que puede ser (¿puede ser?) que no aspire a conquistar nuestro territorio, pero mira a la conquista de nuestras almas. A la desaparición de nuestra libertad, de nuestra sociedad, de nuestra civilización. Es decir, al aniquilamiento de nuestra manera de vivir o de morir, de nuestra manera de rezar o no rezar, de pensar o no pensar. De nuestra manera de comer y beber, de vestimos, divertirnos, informarnos… No entendéis o no queréis entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no combatimos, la Yihad vencerá. Vencerá y destruirá el mundo que bien o mal hemos logrado construir, cambiar, mejorar, hacer un poco más inteligente. Menos santurrón y tal vez no santurrón del todo. Destruirá en suma nuestra identidad

   Este fue el primero de la trilogía del Islam, el 2* fue La fuerza de la Razón y el 3* Autoentrevista & Apocalipsis

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