jueves, 4 de mayo de 2017

Codigo Stiuso

Código Stiuso.

Gerardo "Tato" Young
(Algún lugar, 1972)
Editorial Planeta


    Una de las entregas de la saga Cruise de Misión Imposible se llamó Protocolo fantasma. El título: un embuste barato, un nombre pomposo y al que cuidan de mencionar en alguna escena pero que nada dice, una zanahoria de plástico. ¡Te debo el protocolo y del fantasma ni hablemos!

    No pasa lo mismo con el libro del joven Tato. Y si bien el título es efectista el contenido es buena causa para tal efecto. El periodista relata el ascenso y caída de Stiuso: el jefe de espías de Argentina. Cuenta su experiencia personal y su encuentro con este tío, un encuentro que acobardaría a no pocos. 

   Ésa es la ley primera de los espías: los que saben, no hablan; y los que hablan, no saben. Así funciona. Así seguirá mientras el secreto siga siendo parte del sistema que se hace llamar democrático.
   El secreto es obligatorio para los funcionarios y para los agentes de La Casa. Y lo es de por vida. Son muy pocas las ocasiones en las se rompió el secreto. Pero esas grietas son las que permitieron hacer este libro.

   "Stiles, para servirle" Hubiera sido también un buen título para el libro. Con esa frase Stiuso se ofrecía a los demás al estrecharles la mano; muchos no descubrían que acariciaban un caballo de Troya. Él tenía muchas identidades la más usada era Aldo Stiles. Pero te lo piensas bien y vendes más libros con Código Stiuso que con Stiles, para servirle; sobre todo si el libro va de espías.    

—No me dejan entrar —explicó el oficial, dos horas después.
—Tiene mi oficio. Así que vaya y entre de una vez —respondió Bergés, que empezaba a impacientarse.
El pobre oficial intentó explicar lo grave de la situación:
—Mire, doctor, acá hay cinco personas de civil armadas. Y me están apuntando y dicen que nadie va a entrar a la SIDE.
El hall de acceso a la Central de 25 de Mayo era testigo de una de las situaciones más disparatadas de la historia de La Casa. Un empleado judicial, de veintipico de años, levantaba con timidez un simple oficio de papel, rodeado por cinco agentes que lo apuntaban al pecho con poderosas Itakas.
—Acá no entra nadie —repetía el jefe de seguridad.
Bergés llamó por teléfono al Departamento Central de la Policía Federal...

   Lo lees rápido ya que el relato es muy ameno, esta bien documentado pero los datos no entorpecen la lectura. Mucho de lo escrito tiene como fuente al mismo Tato Young que se monta como un investigador privado y cuenta cómo ha vigilado tal y cual sede del Servicio de Inteligencia Argentino.

   Algunos son muy inteligentes. O quizá demasiado astutos. Todos son definitivamente amorales. Lo que hay que hacer, se hace. A la mierda con el resto.
   Los empleados que se dedican al espionaje, los agentes, sólo informan de sus tareas a sus jefes superiores y esos jefes a los suyos. Está prohibido compartir la información con otros agentes o con otros sectores. La información debe, por norma, ir en contra de la ley de la gravedad: siempre sube; nunca baja. Las razones también son de seguridad. Mientras menos conozcan un secreto, más secreto será.
Un ministro denuncia  y muestra foto en TV nacional
de Stiuso. En 24hs abandonó el país, jamás regresó.

    Ser o no ser. Que lo decidas tú o lo decidan otros: esa es la cuestión. 

   En Argentina La Mafia del oro obligó a una víctima a escribirse "ORO" con un bisturí sobre su frente. Otra mafia (¿cual?) ante la muere del hijo del presidente Carlos Menem decidió que los 14 testigos que denunciaron un atentado murieran; todos, sí los 14. Sufrieron accidentes o atracos.
    *En 2013 durante la última dictablanda, la del Régimen kirchnerista, asesinaron de 4 tiros por la espalda (uno ellos de gracia) al maquinista Leonardo Ariel Andrada, testigo de la Tragedia de Once que dejo 52 muertos por la desidia y corrupción del régimen.
    *En 2015 Nisman aparece muerto: el fiscal que denunció a Cristina Kirchner (presidente de Argentina del 28/10/10 al 09/12/15) y asociados por encubrir a un grupo de sospechosos de los atentados de los 90 en Argentina.
   -Los rastros de pólvora en la mano facilitan declarar un suicidio. Que la fiscal de la causa diga "Lamentablemente no hay rastros de pólvora" en la mano del fiscal, hace ruido. Esa arma que en las pruebas posteriores siempre dejó rastros. De las pericias aún hay más...
   -La presidente escribiendo una carta en su Facebook aportando datos que sólo conocería quien espie a Nisman dentro y fuera del paaís. Del gobierno y el caso todavía...

   Tato Young en su libro presenta una explicación plausible de un suicidio. Pero, no; mi mente se resiste. No, no es posible: no en este país, no durante el régimen que finalizó el 9 de diciembre de 2015 en Argentina. No, mi mente se resiste... 


Tato loco Young
   Tato Young está un poquitín piantao (¿Qué significa piantao? Loco; pero no se lo digas a nadie) Te lees el libro y quizás te formes la idea errónea de que este tipo es superserio y no sonríe ni cuando duerme. Te equivocas, basta escuchar un programa radial en el que participa. Cada programa comienza muy seriecito (vamos, que al menos lo intenta) hace un resumen de lo importante del día, esta por cerrar el segmento y le interrumpen sus compañeros (María, Rolo, Guido) agregándole noticias disparatadas. Luego chiste va, chiste viene avanza el programa. Hacia el final el tío se monta una catarsis y hace un Top Five de las noticias que lo hicieron sufrir, para calmarlo María y Rolo le cantan una canción. Un remedio letal ya que no cantan bien y a veces el pobre que ya venía mal con lo de las noticias parece no repuntar. Lo escuchas de 14 a 17 (hora Argentina) en Radio Mitre.

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