Iraolagoitía-Meditaciones para los que no meditan.

Titulo: Meditaciones para los que no meditan.
Autor: Pedro María de Iraolagoitía.
Editorial Mensajero. Bilbao 1967. 4º Edición.


   Ah... "Ah... usted es creyente..." dice mi interlocutor. Le explico brevemente cómo vivo aquello que creo; que no me quedo en creer...cómo procuro vivir lo creído... desde mi fragilidad, recomenzando; recomenzar y emprender siempre con alegría...
    Muchos reciben con respeto, lo que les digo brevemente. Otros, me hacen sonreir, porque ponen cara como que sufren o que les da asco lo que oyen. Así, puedes ser escuchado por unos o recibir la desfachatez de otros que no ven mal menospreciar y mirar con repugnancia a un semejante. Yo procuro recibir con igual disposición una u otra realidad, el Señor ayuda a que tenga serenidad en mi alma, hay veces en que me cuesta más la sonrisa que igual ofrezco a mi interlocutor. Y rezo por ambos, por todos.
Humor y moldes rotos... Este libro tiene el mérito de apelar al humor, ser un poco ocurrente al tocar temas comunes, apela un poco a la ironía pero no incomoda al hacerlo.
    No es un tratado o manual que introduce en el arte de la meditación, es un libro que en lenguaje llano ofrece meditaciones que pueden ser leídas para el encuentro con Dios en la oración.

Lo veo todo negro... Ya sé: le escribo a Baltasar. 
Carta al Rey Baltasar, escrita por uno que la pasa negras.
   La presente va dirigida a usted, porque usted fue el Rey Negro. Y porque usted es negro yo tengo más confianza en usted.
   Me explicaré: ya sé yo muy bien que los otros dos reyes son muy buenos y son santos y todo. Pero, para comprender a fondo y con experiencia la negra vida que llevamos algunos, no basta para ser santo; hay que ser santo y, además, negro.
   Somos negros aunque tengamos la cara blanca. Somos negros, porque vivimos una vida negra.
   No te pedimos el oro, porque puede hacernos negreros.
   No te pedimos el incienso, porque puede hacernos estúpidos.
Te pedimos la mirra que tú llevas; ese bálsamo, que suavice nuestras vidas, que consuele nuestras almas.

Mirate, cambia de punto de vista. Aquí el autor le da un giro de tuerca a una reflexión que habitualmente hacemos siguiendo otros rumbos y derroteros del mundo y del alma.
*Jesús habla a las hijas de Jerusalén.
   Ellas son buenas, Cristo. Lloran porque tienen compasión de ti. Son buenas.
   Pero lloran por lo que te han hecho a Ti… los otros, claro.
   Lloran por los malos que han sido contigo… los demás, desde luego.
   Nos es muy fácil llorar por lo mal que hacen las cosas los demás; lo mal que está el mundo de la juventud, los cines, al economía, la política, las costumbres, la religión, los curas, los gobernantes, la moral pública…
   ¡Qué bien lloramos, Cristo, los pecados de los demás!
   ¡Qué destreza la nuestra de plañideros profesionales! Todo está mal, todos te ofenden, Cristo; lo deploramos mucho, lo deploramos todo.
   Todo, menos nuestros propios pecados. Eso ya es otra cosa.
   Por mi tribunal supremo pasa todo el mundo; todos menos yo mismo.
   “Llorad por vosotras”.
   Cristo…, la verdad…, no se me había ocurrido; yo veo muy bien los defectos de los demás, lo mucho que te hacen sufrir, lo mucho que te ofenden los demás, pero yo…
   Señor…, dame sinceridad y luz para ver y admitir que Yo soy un gran pecador, que yo te he puesto así.
   Señor, que vea que soy ese leño seco… Cristo, que aprenda a llorar por mí.


    El descendimiento. Via Crucis mirando a María, una madre con su hijo muerto en brazos.
Tómalo, Madre, ya está te lo devolvemos.
Así, en tus brazos, Madre como lo tenías en Belén, ¿Te acuerdas?
Tú nos lo diste en Belén para nosotros, para todos los hombres. Mira cómo te lo hemos puesto…
Perdona, Madre; te lo estabas temiendo: que los hombres no sabríamos cómo tratar a Dios.
Hoy te lo devolvemos; es el mismo. Ya sabemos que Tú le reconoces a pesar de todo…, eres su Madre.
El mismo que tú adormecías en Belén meciéndole en tus brazos, cantando una canción.
Ahora también está dormido; lo hemos conseguido nosotros, ha pasado por nuestras manos criminales; le hemos cantado la canción del pecado y de la muerte.
Se ha dormido, Madre, y ya no sabemos qué hacer con él.
Hemos venido también, para pedirte una cosa…
Que nos perdones, de tu parte… y de parte de él.
Otra cosa, Madre…
Dale un beso de tu parte… y de la nuestra.
Así…, como se lo dabas en Belén.


   ¿Y tú lo sabes? Yo me pregunto ¿Cómo son los ángeles?.
   No son color de rosa. No tienen mofletes de niño de pecho bien alimentado y sano.
   Un ángel es mucho más que eso. No es un niño desnudo con dos alas horribles...
   No se dedican a sostener en las manos ramitos o palmitas; no se columpian en las nubes; no los creó Dios para que sirvieran de viñeta a nuestros cuadros, estropeando la belleza artística y falseando la verdad teológica.
   Los ángeles son mucho más que eso. Los ángeles son espíritus puros, seres mucho más perfectos que los hombres.
   Perdonadnos, ángeles, porque nosotros, los hombres, apenas os utilizamos, sino para demostrar nuestra simpleza teológica y nuestra vulgaridad artística.
Protesto, porque sois algo mucho más grande que eso.
Vuestra inteligencia es maravillosa.
Vuestro poder es incalculable.
Vuestra hermosura es deslumbradora; pero no es femenina, ni masculina, ni humano-infantil.
Sois puro espíritu; estáis en gracia de Dios y glorificados. y con eso está dicho todo.
No sois nada de eso que muchas veces pintamos y describimos
.
 
   Un libro que se deja leer por el creyente que reza, medite y ora. Y que ayuda a recuperar el diálogo de nuestra vida con el Señor a aquel que necesita ayuda para recomponer este diálogo.


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