martes, 6 de mayo de 2014

Bajo la misma estrella


Título: Bajo la misma estrella

Autor: John Green (Indianápolis, 24 de agosto de 1977)
Editorial: Nube de Tinta

   ¿Quién tiene la culpa? Es una pregunta que nunca hago, que nunca respondo. Pero ¿Cómo resistir la tentación de jugar con esta pregunta y sus respuestas aquí por el blog? Ahí vamos...
    La culpa de que haya sido escrita la tiene Shakespeare "La culpa, querido Bruto, no recae en nuestras estrellas/ Sino en nosotros, que estamos bajo ellas." esta es la frase de Julio César que toma el autor como disparador a su novela. La culpa de haberla leído es enteramente mía ya que fue preguntar ¿Que libro me recomiendas? y fue que pusieran instantáneamente este libro en mis manos. Vamos, no me arrepiento, pero no es un libro que pueda recomendar a todo el mundo.

   "Tengo algo más por si te interesa" es la frase inocente que se me dijo y fue luego recibir ese algo más, de alguien a quien desconocía. El autor es famoso por sus videos, llegaron a mi buzón los enlaces a Youtube. Ahí dejo esta foto... Al fin y al cabo a muchos les gusta repetir "una imagen vale más que mil palabras"...

   Bajo la misma estrella. Dos adolescentes se conocen, se enamoran comparten sus sueños, su lista de deseos; mientras el cáncer les impone una carrera contra reloj. La muerte amenaza separar a quienes han descubierto la dicha del amor.
    "Me llamo Hazel-dije cuando me llegó el turno-. Dieciséis años. Al principio tiroides, pero hace mucho hizo metástasis en los pulmones. Y estoy muy bien." 
   Yo había dejado el instituto hacía tres años. Mis padres eran mis dos mejores amigos. Mi tercer mejor amigo era un escritor que no sabía que yo existía.

   Sentirse unido a un escritor, quizás por simpatía o amistad, no creo que sea algo extraño. Sobre todo si has leído varios libros, me ha pasado con más de un escritor y de tres he llegado a leer sus obras completas. Pero el escritor de la novela es Peter van Houten un patán, que forma parte de la historia y que ha encandilado a miles de lectores en el mundo con su libro Un dolor imperial. 
   Lo interesante del libro Un dolor imperial, que sólo existe en el universo de esta novela, es que no tiene final, y el que no tenga final es todo un tema (que se explica muy bien en el libro) y he tenido el temor de que Bajo la misma estrella corriera la misma suerte. Me sorprendía pensando "más vale que esto termine, como sea, pero que tenga un final."
    
 ** 
   Medio kilómetro más allá un semáforo se puso en rojo. Augustus pegó un frenazo que me lanzó contra el triangular abrazo del cinturón de seguridad. 
   -Perdona. Te juro por Dios que estoy intentando conducir suave. Bueno, cuando terminé el examen estaba convencido de que había vuelto a suspender, pero el examinador me dijo: «Conduces mal, pero técnicamente no es peligroso».
  -No estoy tan segura-le contesté 

** 
-Cuéntame tu historia -me pidió mientras se sentaba a mi lado, a una distancia prudente.
-Ya te he contado mi historia. Me diagnosticaron cáncer cuando…
-No, no la historia de tu cáncer. Tu historia. Lo que te interesa, tus aficiones, tus pasiones, tus manías, etcétera.
-Pues…
-No me digas que eres una de esas personas que se convierten en su enfermedad. Conozco a muchos. Es descorazonador

   Hablar de quien está presente, pero no con él; de él, como oyente de lo que le pasa a sí mismo: siempre me ha parecido inverosímil. No importa que suceda, aunque viva la experiencia de tal diálogo, repito me parece inverosímil...   
-Pero puedes hablar con él, que no muerde -añadió Augustus-. Dale algún sabio consejo femenino.
-La verdad es que creo que seguramente su reacción es la normal -respondí mientras... 
   
   Tal vez si, tal vez no. Las afirmaciones o expresiones categóricas encuentran algún grado de adhesión. Esta frase: Lo peor de tener cáncer: el hecho de que sea físicamente evidente que estás enfermo te aleja de los demás. Me hace pensar en que algunos se alejarán de ti cuando estés enfermo y en otras ocasiones es el enfermo el que aleja a los demás. Creo que el tema es la "incomodidad". Un buen criterio es no incomodar al enfermo, a eso si le doy importancia. Por el contrario no me importa lo incómodo que resulte visitar a un enfermo, si está dispuesto a recibirme: lo visito. Mi salud nunca ha sido buena, siempre he permitido las visitas, cuando las he "prohibido" nadie se ha mostrado muy obediente a mi pedido y así me he sentido bastante "incómodo" al vomitar sangre por horas rodeado de familiares y amigos. (Si te ha impactado la mención a este último episodio, ni te cuento lo que significó para mí)

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